"..Estaba echando de menos al que la hacía sonreír. Miraba cada diez minutos la caja donde le había guardado un par de discos, un turrón de chocolate, una fotografía y unas casrtas que ella había escrito, pero que no pensaba entregarle nunca. Lo esperaba todos los días a la misma hora, y el tiempo se le iba entre los dedos y la risa que le provocaban ese par de horas con las que se conformaba a diario.
Ella no exigía nada más que amor y un poco de tiempo. Y él le daba lo que estaba a su alcance, ni más, ni menos; ella quería un poco más de tiempo y un poco menos de distancia. Quería tener la paciencia para soportar los días alejados y seguir conformándose con la comunicación que mantenían cuando no estaban juntos.
Pero a veces tendía a sufrir en silencio y desesperarse. Nunca se lo decía a él, porque habían prometido no entristecer por esa causa, pero ella era tozuda y terca, e intentaba entender, pero la superaban sus pensamientos y ya no soportaba estar lejos. Le escribía todos los días y guardaba los archivos en su máquina; lo más probable era que él nunca los leyera, porque ella seguramente se hubiera negado a mostrar las copias de todo lo que a él le dedicaba.
Y nadie imaginaba cómo lloraba ella silencio todas las noches, sobretodo cuando en su almohada podía sentir el mismo olor que sentía cuando lo abrazaba. La estaba gobiando, la perseguía y la entristecía demasiado. Pero la verdad era que él siempre tuvo razón, este era el tiempo de ser absolutamente FELICES, porque se tenían el uno al otro, aunque fuera a algunos kilómetors (que tampoco eran tantos), y ya habían estado así de distanciados por años; no sería este el momento de ponerse melancólicos, tenían que sonreír y dar gracias al destino, a la vida o a lo que pensaran que les daba la oportunidad de estar uno con el otro y pensar que la vida estaba hecha justamente para que ellos estuvieran juntos.
Ahora se venía por delante lo mejor. Tenían que disfrutar cada minuto cerca, y cuando estuvieran lejos, ir tachando días del calendario para volver a verse y estar contentos porque cada día sería maravilloso, juntos o separados. No estaban solos, se tenían el uno al otro y eso bastaba.
Ella entendió que no debía llorar más y él podía seguir pensando que ella no iba a llorar, porque ahora no le volvería a esconder sus ataques de tristeza y de añoranza. Nunca más..."
dimarts, 13 de febrer del 2007
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