dimarts, 13 de febrer del 2007

Gracias

Me gusta contarle mis cosas, porque sé que me entiende y que le importa lo que pase conmigo. También me gusta escribir y saber que me lee, aunque a veces me sorprende saber que lo hace; me gusta saber que confía en mi y que sabe que puedo orientar algunas situaciones, como él puede orientar otras.

Siento que no tengo vergüenza de nada, que cada una de mis acciones fluyen por sí solas. De pronto creo que me dominan y que ni el mayor poder de razonamiento las pueden controlar. He hecho cosas que nunca antes hice, porque simplemente me dejé dominar por algo que llevo dentro y que no sé qué es, pero me hace sentir bien.

Cuando está cerca me siento más YO que nunca en mis viente años y meses sobre esta esfera. Soy todo lo que quiero ser, y no me molesta en lo absoluto; digo lo que quiero decir y lo demás es algo que va saliendo desde dentro; no sé, hoy le pregunté si no me creía loca después de leer una de
esas conversaciones que tengo conmigo misma y que le pasé para que viera. Creo que hasta le hizo gracia, y estoy segura de que esbozó la sonrisita ésa que le conozco tan bien, mientras leía el turro de chorradas que puedo escribir en una madrugada.

Y a mi me da igual, porque sé que no le molesta; porque cree que no estoy loca y que, al contrario, soy más cuerda que nadie, aunque eso es algo que yo aún me cuestiono. Quizás yo no sea cuerda y el loco sea él que me cree chorrada tras chorrada. Y me vuelvo temible si quiero escribir sobre terro y
bla bla. Pero no viene al caso.

Ahora sé que no le importa que hable de sus pecas con mi otro yo en un arranque de "necesito hablarme a mi misma". Sé que le hizo más gracia mi comentario de hoy cuando le confesé que una vez creí haber hecho algo malo, y no era así. Dice que hay cosas que se ven desde el razonamiento lógico, a las que ambos le intentamos buscar la explicación. Y de la lógica dentro de lo que parece ilógico...

"Eso es amor", dice mi abuelo León. Últimamente me ha dado por escribirle sobre mis acertijos mentales y los que tengo cuando estoy con "él", entonces al leer mis correos, mi abuelo toma el teléfono y me dice: "es amor", antes de colgar y luego negarse a responderme las llamadas. Es un viejo zorro, como diría mi papá. Y es cierto, es que sabe más que muchos.

Y será amor, será que me siento cómoda; será que siento que he estado toda la vida con él al lado, aunque sepamos por "lógica" que no ha sido así, pero es que yo siento que el hecho de saberse uno al otro provoca esas reacciones que tengo yo. Dios o quien sea, lo sabe, yo no me domino, porque me manda el corazón y no soy dueña de algunas acciones locas mías, que hasta a él le extrañan tanto como a mi, ayer me lo dijo y asentí.

Alguna vez pensé haber hecho algo malo y no fue así. "Es raro, pero es bueno", voy a grabarme la frase clave que mencionó en la tarde, porque tiene razón. Yo debería pensar menos y actuar más, que al caso sé que le encanta.

¿Y si hago algo mal? ¡Qué importa!
No me interesa, porque cuando me dijo que quería un beso y yo también lo estaba pidiendo a gritos desde dentro, sentí y descubrí que nos une algo mucho más fuerte de lo que alcanza a captar la "mente" humana, o bien, el corazón. Hay una fuerza que une y crea lazos que pueden ser indestructibles, que alimentan situaciones y hacen de un día normal algo genial, estando lejos o estando cerca, entregando todo sin pedir mucho a cambio. Quizás se desnivele, o quizás no. Eso es un detalle.

Já, y cuando me preguntó si le temía...Eso sí fue algo acertado, pero: "No tengo miedo de nada", y a eso agréguenle un par de melodías para que suene a canción de tono burlesco. Yo a él lo quiero, lo amo y lo amaré por setenta y ocho eneros más, comiendo gomitas y helado en el sofá; viendo películas en las que más de la mitad me las trago a lágrimas, mirándonos la cara con ojos pequeñitos y pecas, muchas pecas; y en setenta y ocho eneros más, quizás con unos lentes aumentados, volveré a leer esto y él estará oyendo con los labios pintados de risa, o con el beso que me pidió en la tarde, con sabor a helado de frambuesa y tinte de piel dulce.

Me gusta que exista, que me haga escribir, que me lea, que me dé música, que me hable de cine; que le guste Poe y King, que quiera ir a la playa conmigo en febrero, que le encante el ajo tanto como a mi y que no le importe que yo coma todo el día, porque gorda o delgada me seguirá queriendo, como yo lo quiero a él, aunque su "exitosa carrera deportiva se viera afectada por el esguince de tobillo" [risas en ironic mode on]. Y me gusta que odie la música que escucho, porque sé que lo hace reír que ame a Oasis, si para su gusto son unos ·$&%$&·$& y que me gusten las voces de mujeres inglesas que cantan, porque dice que soy tan ronca que tengo voz de niño...y sí, tengo voz de niño, hablo estupideces en gran parte del día porque se me va la olla, y me escribo cartas a mi misma cuando me siento sola (y soy patéticaaaaa!), pero soy feliz...

Soy feliz, y es su culpa.