dimarts, 1 de maig del 2007

Ains...




Sé que no soy una persona perfecta y nunca lo seré.

Le tengo miedo a los gatos y a las arañas, no soporto que alguien trate de cambiar mis cosas de lugar y disfruto mucho el vivir sola; estudio periodismo, pero es tanta mi desconformidad con los medios, que no tengo televisión en mi casa y no quiero tenerla, tampoco me gusta la radio, pero sí disfruto leyendo cuanto diario se atraviese por mi camino (sea éste una mierda de diario, o sea considerado el mejor de todos). No me gustan las zanahorias, es que me dan un asco que no te lo explico, pero me encanta comer legumbres y pescado; cuando estoy nerviosa fumo sin parar y me lleno el estómago de cafeína hasta que el colon me revienta y siento dolores que me hacen poner de un humor de mierda que ni mi sombra me soporta. Me gusta usar toda la cama y sé que siempre termino dejándote en el rincón más pequeño y a un paso de caer.

Sé que soy excesivamente cargosa y que a veces te ahogas de tantos abrazos. Me gusta hablar de mis hermanos y coleccionar fotos de mi familia, pero no me gusta exponerte a ti al lente (y a ti tampoco te gusta que lo haga). A veces hablo como idiota, y no sé por qué tengo un tic nervioso que me hace poner una ceja de manera extraña. Me encantan los accesorios lindos y femeninos, pero no los uso porque me parecen incómodos. Como demasiado en algunas ocasiones y no puedo hablar por teléfono más de dos minutos, pero contigo puedo pegarme una hora y me da igual si es larga distancia, porque siempre tengo cosas que decirte.

También estoy conciente de que soy celosa y a veces peco de una madurez que ni mis sobrinas poseen con su categoría de kinder-girls. Me ahogo cuando voy en el metro y no soporto que me hablen desde lejos. No me cae bien la gente que no me mira a los ojos cuando habla y detesto a las mujeres que me dicen que soy un macho, porque en realidad no lo soy (tanto...). Me encantan los Loop verdes, pero detesto los rojos porque no tienen ese toque ácido que los caracteriza. Tengo más de diez alergias médicamente detectadas y mis ojos están tan ciegos que no puedo ver películas subtituladas si no llevo las gafas puestas.

Tengo la cadera ladeada dos centímetros y creo que a veces camino como pato. No puedo desprenderme de mis zapatillas y me cuesta mucho no ponerme roja cuando me dices cosas lindas. Tengo miedo a morir ahogada y siento un pánico tremendo cada vez que creo que la tierra tiembla; me gustan las películas italianas y no soporto el acento francés de los hombres porque se me hace afeminado. Odio a la gente que te dice tus defectos todo el tiempo, pero nunca han visto que son peores que uno; también me caen mal los taxistas porque creen que una es millonaria y puede pagarles la vida por llevarte de un extremo a otro de Santiago, como si a mi me sobraran las cuentas bancarias y no tuviera más cosas importantes en las que gastar el dinero del fin de semana.

No me gusta la cerveza ni el chocolate blanco, porque me da la sensación de exceso de dulce, pero adoro los Rolls de maní y los Chubi de color azul, porque son los más bonitos (al carajo si saben bien o mal, que a mi ni siquiera me importa). Nunca en la vida me he cambiado los aros, porque los que tengo son mis preferidos y me los regaló mi papá cuando yo tenía 8 años. Tengo el complejo de Elektra y sé que a mi edad no debería, pero es que amo a mi padre y cada vez que lo veo me cuelgo de su cuello, aunque mi mamá me diga que lo deje en paz porque ya no tengo edad para berrinches.

Me encantan los niños, los perros, las noches en la playa y la torta de frambuesa. En la universidad nunca almuerzo, porque creo que la comida tiene sabor a plástico y no sé quién la preparó, entonces hay días en los que mi almuerzo-cena pasa a ser una sola comida y luego a las 3 de la mañana me despierto a desayunar; tengo un horario de locos y no duermo lo suficiente. A veces lloro por cualquier cosa, pero generalmente es porque te echo de menos o porque me llegan los días desagradables de esos que prefiero no hablar porque ya me pone el humor de mierda otra vez. Siento que a veces te extraño demasiado y me hace mal, pero me encanta esa sensación hueca que tengo en el estómago cada vez que te veo y el temblor en las manos que siempre intento disimular y que, por suerte, nunca has notado. Soy una histérica y a veces me muerdo la lengua para no responder a tus bromas con una pesadez de las mías, aunque ya sabes mecánicamente todas mis reacciones.

Me gusta darte besos hasta que veo que ya estás harto y decirte que te amo hasta que suene como disco rayado; me gustan tus ojos y tu sonrisa, tus pecas (que ahora son mil más que antes); me gusta toda tu música y me gusta que se te olviden las notas cuando tocas algo en el teclado. También me gusta que te preocupes en exceso, porque aunque yo me ría, eso me hace sentir bien y me gusta que a veces creas que soy muy chica para salir sola...Y te amo tanto que me gusta todo de ti, y quiero tener mil momentos felices contigo; quiero que tengamos una canción especial y una foto preferida que nadie más pueda ver, porque será sólo nuestra. Quiero que tengamos dos perros y verte abrir los ojos cada mañana por todo lo que me queda de vida...Quiero que el tiempo no pase nunca cuando esté contigo y quiero que me digas que me amas de la misma forma en que lo dijiste cuando la única luz que había era la de tu sonrisa.

Y aunque yo no sea perfecta, eso ya no me preocupa, porque estás acá, conmigo y me amas tanto como yo a ti. Entonces, ya no me importa ser una persona especial para nadie más que para ti, que con toda esta larga lista de cosas, me sigues queriendo siempre más y haciéndome feliz como no debes tener una idea, porque a veces me cuesta decirte lo importante que eres, porque todo el tiempo tengo miedo de sonar cursi y repetitiva, pero ahora lo sabes y ya pude descargar todo esto que estoy sintiendo. Puedo decir que te echo de menos y que anoche mientras dormía, quise darme la vuelta para abrazarte, pero no estabas, ¡maldita distancia! Después me costó una hora poder dormir, y es que cada minuto te extraño más...