dissabte, 17 de febrer del 2007

La ventana


Esta es la vista que hay desde el balcón de mi casa en Reñaca, ¿es bonito, no? A mi me gusta, porque es todo tan tranquilo, porque nunca hay más ruido que el del viento y de las hojas, de los niños de la casa de junto que juegan con una pelota los días sábado y yo les dejo el portón sin candado por si cae su pelota en mi jardín, para que entren y la busquen con total tranquilidad, que a mi nunca me han molestado los niños.

Hace unas semanas, cuando estuve allá por el fin de semana, estaba asombrada de que mi jardín no hubiese muerto después de dejarlo tanto tiempo sin echar una gota de agua ¡y en verano!, pudo haber sido casi fatal para todas mis flores y mi césped. Pero creo que tuve mucha suerte de que el jardín, en lugar de estar muerto, sólo esté "semi maltrecho", y sospecho que los niños de la casa de al lado estuvieron ahí, porque encontré una bolsa con papeles de dulce metidas en mi basurero.

Quizás vieron la casa sola y quisieron ir a jugar, de paso me cuidaron las plantas, así que como regrese voy a llevarles algo en agradecimiento, porque cuando estuve allá, o no estaban, o estaban aprovechando la playa, que está tan cerca que no ir sería considerado casi un crimen veraniego.

Recuerdo que cuando estuve allá, el clima estaba tal y como en la foto. Creo que ese domingo en la tarde pude congelarme, pero no fue tanto tampoco. Estaba mi papá de visita por estas tierras y quería ir a comer "un pescado como lo hacen en los puertos", así que toma el auto, cinturón, Simply Red y un cigarro. Partimos, con frío y todo, hasta Valparaíso, porque mi papá quería pescado. A fin de cuentas resultó ser buena opción para todos, excepto mi hermano, que no quiso ir, "que prefiero mi casa y mi clima" y muchos bla, bla, bla.

Pastel de jaiba, pescado con champiñones y hierbas; entre otros platos que pedimos ese día. El vino estaba increíble, digno de haberlo escogido mi padre, y mi mamá se hizo de un sour tamaño "mini", porque "no me gusta mucho, pero acompaña la comida", así dice ella y yo me reí, porque mi hermana menor, tan compuesta y todo como es ella, se largaba a reír diciendo que mi mamá estaba loca, que siempre le llevaba la contra al mundo, y creo que así es, siempre lo ha sido y no hay de qué extrañarse.


De vuelta yo venía con un frío que ni te imaginas, que el viento corría y los turistas a los que tanto detesto estaban todos del mismo color naranja, con el pelo hecho un hilar casi imposible de desenredar. Así estaban todos, era el "look turista quinta región 2007", y a mi me hacía reír, porque si lo pienso bien, mis padres eran turistas en su propia tierra, pero es que no lo visitaban de un tiempo ya. El que vivan en otro lugar del mapa no los hace extranjeros ni mucho menos, que la tierra, y la playa, le daba la bienvenida a quien llegara; que acá se recibe bien al forastero, dice la canción. Y es cierto, Rebe y Fran pueden dar completa fe de ello, que si no me creen, pues pregúntenles y tendrán una respuesta favorable.


Me fui a la playa un rato, la arena de frente al Telepizza, donde me fui una vez con mi compi, Melissa, que ayer estuvo de cumpleaños. Prendí un cigarro y la gente ya empezaba a hacer el desfile por la avenida; yo me quedé sentada y mi papá tenía cara de no querer irse, porque le gusta el verano con playa y tenía que regresar a lo de siempre, a morir de frío en febrero, porque allá donde vive sí correspondía tener frío, pero no donde estábamos. Recuerdo haberlos visto tan felices, que me daba pena no tenerlos allí todo el año, ni a ellos, ni a mis hermanos, sobretodo a mi hermana, que era la que más insistía en quedarse.

Volvimos a mi casa, "mi casa", la que yo armé con mi propio orden, la que yo pinto, decoro y limpio; mi casa, en donde todo hace ver que yo vivo ahí, donde están mis fotos, mis libros, mi cama de la colcha blanca, mi play station que ya no sirve para nada...ahí quedó toda mi vida, porque desde hace un tiempo emprendí vuelo, y me costó un poco, pero logré tener esos exquisitos instantes de soledad en mi lugar propio...y me hizo feliz haber estado allí con mi familia, que conocieran un poco qué era de mi en estos años viviendo sola, que vieran que puedo con todo, que hicieron buen trabajo y que acá estoy, bien y contenta.

[...]Me preguntaba papá por ti, y yo evadía y evadía; me preguntaba cosas, me decía que te tenía buen rollo, que te iba a invitar a pescar o no sé...a ver el fútbol. Decía que quería pasar tiempo conmigo, con nosotros; pensaba, seguramente, que ya me había hecho mayor y que cualquier día le venía con algo que lo infartara, pero ¡viejo! Hola, acá desde el planeta Tierra, tengo veintinadas recién, no vengas con cosas, no me jodas, no me preguntes tonterías. "Y si me preocupo de ti, ¿son tonterías?", no lo eran, de eso estamos seguros.

No volvió a preguntar, aunque de vez en cuando me dice que quiere enseñarte a hacer un adereso de ajo para la carne, porque sabe que te gusta; no sé por qué, pero te los ganaste y no hiciste nada. Eres un sol, lo sé y ellos lo saben, y mamá te quiere, y yo te amo, ¿cuándo vuelves? Te estoy esperando, te tengo un regalo, son varios, los he ido juntando y, bueno, no sé, regresa, que quiero abrazarte.