Quisiera ser preciosamente invisible, como alguna vez en 2005, cuando el agua era mi mejor amiga y la almohada contenía todo lo que ahora llevo y me hace pesar cada vez más. Quisiera volver a ser tan invisible, que nadie note mi presencia; que nadie sepa que estoy acá, que nadie note que cada día es una nueva marca, y que nadie sepa que quiero irme pronto, muy lejos...
dimecres, 27 de juny del 2007
Nadie dijo que ser una princesa fuera fácil.
Quisiera ser preciosamente invisible, como alguna vez en 2005, cuando el agua era mi mejor amiga y la almohada contenía todo lo que ahora llevo y me hace pesar cada vez más. Quisiera volver a ser tan invisible, que nadie note mi presencia; que nadie sepa que estoy acá, que nadie note que cada día es una nueva marca, y que nadie sepa que quiero irme pronto, muy lejos...
divendres, 22 de juny del 2007
El cielo está rosado
dimarts, 5 de juny del 2007
Cansada
¿Te cuento un secreto?
Me siento mal y nadie puede hacer nada por mi, porque es un secreto que me guardo y me como todos los días, tres veces, como si fuera el desayuno, el almuerzo y la cena. En ese mismo orden me voy atragantando de cosas que al final hacen que todo esto sea insostenible.
Por un lado está él, el más lindo y el que más veces me ha hecho llorar. No sé si tenga la intención, ni sé si le toma el peso a las cosas que dice o hace (y a las que no hace). Quisiera poder decirle que me canso de ser la última en su lista; quisiera decirle que necesito un lugar más importante en si vida, que de verdad yo no le haré daño y que vivo en pro de su felicidad.
En parte, me he ido convirtiendo, de a poco, en su sombra. Anoche un amigo me decía que me estaba cagando la vida, y otras personas me han dicho lo mismo; me desgasto y ya ni siquiera sonrío...¿por qué? ni yo misma lo sé, y si lo sé, no quiero asumirlo. Todo esto me carga un kilo diario y siento que tengo los huesos molidos.
Quiero que sepa que pase lo que pase yo nunca voy a fallar; que no voy a recurrir a esas niñas malas de las que alguna vez le hablé. Quiero que derribe esa estúpida pared que interpone sólo para no hacerse daño por la separación. Me hace mal, me tiene sin energía y sin ganas; me consume, me enferma, me mantiene llorando casi todo el día y ya no sé qué hacer.
Lo otro es ella, la pequeña, a la que esa maldita enfermedad se está comiendo de a poco. No lo merece, los niños no merecen esos castigos, ni los padres merecen ver la agonía lenta de sus hijos.
La pequeña ya no tiene sangre, su deficiencia plaquetaria ha llegado al punto de no poder mantenerla despierta por mucho tiempo. Tiene la piel llena de moretones, le duelen los huesos y si la tocan, se le amorata la piel una vez más. Mamá debe darle la comida en la boca y ya tiene los documentos que le cancelarán este año de colegio.
No lo merece. Mamá no merece esto tampoco, ni papá, ni siquiera nosotros, como hermanos. Es todo esto tan injusto y yo no había querido abrir los ojos ante una realidad que estaba presente desde hace más de un año.
No quiero ver el deterioro de mi hermana. No lo acepto y nunca lo haré; y soy inmadura, en mi nivel de hermana mayor debería tener palabras más esperanzadoras, pero ¿cómo tener esperanzas ante lo que veo?
ME CANSÉ.
Me siento mal y nadie puede hacer nada por mi, porque es un secreto que me guardo y me como todos los días, tres veces, como si fuera el desayuno, el almuerzo y la cena. En ese mismo orden me voy atragantando de cosas que al final hacen que todo esto sea insostenible.
Por un lado está él, el más lindo y el que más veces me ha hecho llorar. No sé si tenga la intención, ni sé si le toma el peso a las cosas que dice o hace (y a las que no hace). Quisiera poder decirle que me canso de ser la última en su lista; quisiera decirle que necesito un lugar más importante en si vida, que de verdad yo no le haré daño y que vivo en pro de su felicidad.
En parte, me he ido convirtiendo, de a poco, en su sombra. Anoche un amigo me decía que me estaba cagando la vida, y otras personas me han dicho lo mismo; me desgasto y ya ni siquiera sonrío...¿por qué? ni yo misma lo sé, y si lo sé, no quiero asumirlo. Todo esto me carga un kilo diario y siento que tengo los huesos molidos.
Quiero que sepa que pase lo que pase yo nunca voy a fallar; que no voy a recurrir a esas niñas malas de las que alguna vez le hablé. Quiero que derribe esa estúpida pared que interpone sólo para no hacerse daño por la separación. Me hace mal, me tiene sin energía y sin ganas; me consume, me enferma, me mantiene llorando casi todo el día y ya no sé qué hacer.
Lo otro es ella, la pequeña, a la que esa maldita enfermedad se está comiendo de a poco. No lo merece, los niños no merecen esos castigos, ni los padres merecen ver la agonía lenta de sus hijos.
La pequeña ya no tiene sangre, su deficiencia plaquetaria ha llegado al punto de no poder mantenerla despierta por mucho tiempo. Tiene la piel llena de moretones, le duelen los huesos y si la tocan, se le amorata la piel una vez más. Mamá debe darle la comida en la boca y ya tiene los documentos que le cancelarán este año de colegio.
No lo merece. Mamá no merece esto tampoco, ni papá, ni siquiera nosotros, como hermanos. Es todo esto tan injusto y yo no había querido abrir los ojos ante una realidad que estaba presente desde hace más de un año.
No quiero ver el deterioro de mi hermana. No lo acepto y nunca lo haré; y soy inmadura, en mi nivel de hermana mayor debería tener palabras más esperanzadoras, pero ¿cómo tener esperanzas ante lo que veo?
ME CANSÉ.
diumenge, 3 de juny del 2007
Plorar no val la pena...

Plorar no val la pena...
Debería esperar tranquila que llegue el tres de julio. Debería, pero no. No he podido dejar de pensar en eso una y otra vez; estoy ansiosa, nerviosa, triste y feliz a la vez...Me he sentido más insegura que nunca en la vida y he llegado a creer que lo mejor sería ocupar el tiempo en otra cosa, pero ¿en qué? Casi toda mi vida se va con una chaqueta azul y un maleta verde, imponente. Santiago, Madrid, Barcelona. Destino final que quisiera detener y no puedo.
Soy egoísta, soy muy egoísta y no tengo reparo en decirlo. He llegado a pensar que no lo merezco, o que él no merece mi actitud, por eso he callado y he llorado en silencio. No quiero que se vaya, no quiero contar sesenta y un días desde el tres de julio en adelante...pero ya no puedo impedirlo. Pasaje en mano, con fecha y hora, las 9,45 a.m. y yo en ese minuto estaré en la fría cama viñamarina, durmiendo sola, porque NI DE BROMA iré a despedirlo al aeropuerto. No es lo mío, no voy a llorar nunca delante de él, lo prometí, no a él, sino a mi misma.
Debería pensar que es SU OPORTUNIDAD, que es lo que él quiere hacer de su vida y que yo, como compañera de vida, debería alegrarme, porque será felicidad mutua a futuro, ¿Y qué mierda me importa si yo lo quiero conmigo?
No pretendo hacerlo quedar en Santiago un minuto más. Si tiene que partir, que lo haga, que yo confío en él y sé que volverá el mismo que se va el puto tres de julio. Sé que es el mismo Diego que yo amo y el mismo que me ama con esa intensidad de la última noche de cama compartida.
Me importa su felicidad y es por eso mismo que me guardaré las ganas de tomar ese billete y meterlo en la trituradora de papeles que tengo en el clóset. Quisiera decirle que estoy contenta y que espero ese perfume que me prometió en mi cumpleaños, pero estoy triste, más triste que nunca...
Hoy es tres de junio y la cuenta regresiva comienza... Vamos en el día 30, mañana ya serán 29 y horas.
Y, ¿saben una cosa? Llorar no vale la pena, porque regresará. Es mi único consuelo.
Soy egoísta, soy muy egoísta y no tengo reparo en decirlo. He llegado a pensar que no lo merezco, o que él no merece mi actitud, por eso he callado y he llorado en silencio. No quiero que se vaya, no quiero contar sesenta y un días desde el tres de julio en adelante...pero ya no puedo impedirlo. Pasaje en mano, con fecha y hora, las 9,45 a.m. y yo en ese minuto estaré en la fría cama viñamarina, durmiendo sola, porque NI DE BROMA iré a despedirlo al aeropuerto. No es lo mío, no voy a llorar nunca delante de él, lo prometí, no a él, sino a mi misma.
Debería pensar que es SU OPORTUNIDAD, que es lo que él quiere hacer de su vida y que yo, como compañera de vida, debería alegrarme, porque será felicidad mutua a futuro, ¿Y qué mierda me importa si yo lo quiero conmigo?
No pretendo hacerlo quedar en Santiago un minuto más. Si tiene que partir, que lo haga, que yo confío en él y sé que volverá el mismo que se va el puto tres de julio. Sé que es el mismo Diego que yo amo y el mismo que me ama con esa intensidad de la última noche de cama compartida.
Me importa su felicidad y es por eso mismo que me guardaré las ganas de tomar ese billete y meterlo en la trituradora de papeles que tengo en el clóset. Quisiera decirle que estoy contenta y que espero ese perfume que me prometió en mi cumpleaños, pero estoy triste, más triste que nunca...
Hoy es tres de junio y la cuenta regresiva comienza... Vamos en el día 30, mañana ya serán 29 y horas.
Y, ¿saben una cosa? Llorar no vale la pena, porque regresará. Es mi único consuelo.
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