Dime una cosa, perrita...¿qué mierda quieres? No entiendo qué te hice, no entiendo qué pasa por tu cabecita loca; tampoco entiendo por qué tanta mierda en tu vida, por qué tienes que destruir a todo el mundo, ¿tanto te cagaron la vida que no eres feliz ni dejas serlo al resto? ¿tanto te gusta ser la guinda de la torta que no soportas que alguien te gane aunque sea en algo tan mínimo?
De verdad me gustaría saber los por qué de todas y cada una de mis dudas. Me gustaría, también, entender por qué eres tan enferma y por qué tienes la necesidad de inventar cosas. Tu imaginación no tiene límite, me impresionas y hasta me gustaría tener una mente tan tejedora como la tuya porque quizás la usaría para escribir la mejor de las novelas o el mejor guión de cine. En eso debo reconocer que te admiro, pero me sigues dando asco.
Me asquea tu necesidad enfermiza de hacer sentir menos a los demás, tu doble estándar, tu discurso barato de “apoyo la causa social, pero me dan asco los 'rotos''”, tu pensamiento político absolutamente fundado en el resentimiento (aunque tu utopía me da lo mismo, pero se lleva a la práctica en todos los aspectos de tu vida), tu misma amargura, tu odio por la gente que es más feliz que tú; me asquea tu incapacidad de ser feliz cuando los demás lo son, tu infinita envidia de todo el mundo, tu obsesión por ser reconocida, por tener más que todos los demás si por dentro estás como un aerosol agujereado.
Primero maquinaste un rumor que, te juro, hasta yo hubiera creído si no tuviera dos dedos de frente (pero tengo tres, perrita, que no se te olvide). Después, te dedicaste a ir de “buena persona” hablando cosas con una escuela entera porque querías “hacer el bien” y luego, inteligentísimamente, diste vuelta toda la situación para quedar como blanquísima paloma. Casi lo logras, en serio; incluso te creí por...¿cinco segundos? No soy ni tonta ni mucho menos, pero tú no pensaste que yo ya te sabía todas y cada una de las artimañas...
Wathever...Primero quise pensar que no hacías las cosas con mala intención, ¿sabes por qué? ¡porque yo te quería, perra de mierda! Porque yo, por un momento, pensé que eras una buena persona, que eras una de las piezas que armaban el rompecabezas de una vida perfecta, porque de verdad creí en lo que me pintaste de “amistad” y porque, además, sé que fui la única idiota que te defendió cuando todo el mundo decía la más absoluta verdad sobre ti: que eras una mierda de persona, egoísta y malintencionada. Pero yo, grandísima ingenua, te creí y hasta llegué a crear lazos con gente cercana a ti, a los que quiero todavía, porque no tienen la culpa de no saber lo que de verdad eres.
Me da pena, ¿sabes? Siento una profunda lástima por la gente que no sabe a quien tiene al lado, pero yo no soy nadie para abrirle los ojos al resto, porque no me interesa. De verdad, si hay algo que aprendí de ti, es a no ser egoísta y a seguir siendo fiel a mis valores y principios, a mi concepto de la lealtad, pero tampoco me voy a dar el trabajo de divulgar y vociferar como las viejas amargadas, ni a hablar sobre ti, porque cuando termine este texto, ya habrás desaparecido de mi vida para siempre.
No me interesa ni siquiera pelear contigo, ni gastar mi energía, mis neuronas ni mi aire discutiendo con una persona a la que las cosas le entran por el oído derecho y le salen por el izquierdo. La verdad es que ni siquiera me interesa seguir dándote tribuna ni a ti ni a las cosas que inventas, ¿sabes por qué? Porque NO VALE LA PENA tratar de enderezar una mente torcida, así de simple.
Ahora, si tanto te molesta que me vaya bien, que sea feliz, que tenga una familia absolutamente gloriosa, que mi novio me ame tanto como yo a él, que mis amigos sean los precisos y , además, los mejores...lo siento, darling, no es mi culpa saber hacer bien las cosas. Tampoco es mi culpa saber llegar a las personas, ni ser una persona que no se avergüenza de su religión anglicana, ni de su pensamiento político que ya todos mis cercanos conocen; no es mi culpa tener una capacidad de síntesis que a ti te gustaría tener, o el mismo “don” (como dice una muy buena amiga mía) de poder transmitir sentimientos a través de las letras.
Creo que tampoco soy culpable de ser una persona transparente, que no tiene que esconderse en un bonito peinado. Soy 4 ojos, soy desgarbada hasta decir basta, no le caigo bien a todo el mundo, soy lo menos cercano al gusto popular y, además, tengo amigos homosexuales (sé que te dan asco aunque vayas de tolerante por el mundo) de los que me siento demasiado orgullosa, y con todo eso, tengo algo que tú no tienes: LA MENTE SANA y sin rencores por el resto de la gente.
Si quieres seguir hablando de mi, lo encuentro increíble, ¡estupendo! Me encanta que la gente tenga motivos para hablar de mi, aunque hablen pestes. Soy tan egocéntrica y narcisista que me gusta restregarte en la cara que mi vida no podría ser mejor de lo que ya es, y que eso, notoriamente, te molesta tanto que “necesitas” calumniarme, hablar mierda y tragártela porque incluso te la crees.
Anda, sigue diciendo cosas de mi, de lo “fracasada” que soy (así me pintas con el mundo, ¿cierto?), de lo “enferma” que estoy, de la “gran imaginación que tengo” y que me llevó a inventarme un novio (Jajajá, es lo más divertido que has dicho en tu cerda vida) porque “pobrecita, es fea y nadie la pesca”. ¡Vamos, sigue, sigue! Es que no tienes la mínima idea de lo que me regocijan tus inventos, eres genial, en serio.
Sigue diciendo que “me viste llevar una crónica hecha a un certamen”. Niña, ¡por Dios Santísimo! Entiende de una puta y buena vez que aunque digas lo que digas nadie te cree, que no tengo necesidad de utilizar artimañanas en clases ni en los certámenes para que me vaya bien, porque en otras asignaturas me va pésimo (con Doris, por ejemplo), pero mi capacidad infinita de escribir la tendré siempre, y a ti te gustaría ser un poco como yo (aunque ni tanto, porque no soy una Diva como tú) o tener la mitad del cerebro que tengo yo, para no andar dándotelas de culta hablando temas que sólo has leído una vez por Google.
Hay una cosa que se llama DECENCIA y tú no la tienes, eso quedó claro. Me das asco, pena, lástima y por sobre todas las cosas de este mundo espero que no termines más amargada de lo que ya estás.