dimarts, 13 de novembre del 2007

Un día

Un día hice una broma y te molestó tanto que dejaste de hablarme. Un día martes, o miércoles, creo...y luego dijiste que tenías que cumplir con esa obligación tuya que siempre he odiado y de la que sentí celos durante mucho tiempo.

Un día, hace un año, dijiste que nada ni nadie podría romper "nuestro" cristal. Y mira qué maldita es la vida, porque el cristal se empezó a romper de a poco, sin que te dieras cuenta. No fue tu culpa, tampoc fue mía; las cosas pasan cuando deben pasar y eso me lo enseñó mi mamá mucho antes de que esto empezara a hacerse polvo.

Recuerdo cuando tuvimos esa conversación sobre los viajes, los lugares que queríamos visitar juntos, nuestros planes de llenar un álbum de fotos y de tocar alguna canción inventada por nosotros. También recuerdo el día que estábamos en la plaza comiendo esos dulces robados a tu papá, y el loco de la botella plástica que cantaba de madrugada.

Hay tantas cosas que podría rescatar, pero por una de ellas hay dos más que quisiera olvidar. No te diste cuenta, ni yo, pero la eternidad en dos segundos se volvió agua sucia y lo sucio se saca antes que te haga daño, que te enferme y que acabe por matarte.

Un día...un día trece, donde el calendario marcaba tu santo (santo, santísimo mío), fue el día en que me dí cuenta que la cojera era irreparable, que amarse a veces no es suficiente para ser felices y, lo que más me dolió, fue darme cuenta que de pronto tu razón de vivir se había convertido en la peor de tus cruces.

Y te quiero tanto que prefiero salir de acá. Te amo tanto, que no quiero que tu espalda se llene de heridas por el peso de la situación; es tanto lo que te amo, que decidí dejarte caminar solo, porque llegó el momento en que ya pudiste ponerte de pie sin mi ayuda y mi tarea estaba terminada.

Un día vas a darte cuenta de que todo esto es por ti, y verás que de verdad mi amor por ti fue tan grande, que debía dejarte ir.