dilluns, 19 de febrer del 2007

[...]

No sé por qué, o tal vez si sé, pero siento que algunas veces me abandonas. Siento que en ocasiones soy lo último en tu lista de prioridades; y he llegado a sentirme sola, angustiada, llorosa y ansiosa. He estado comiendo más de lo normal, pero no tengo hambre ni el 50% de las veces, y me siento mal, y lloro, pero no sé qué más hacer.

¿Cómo quitarte el derecho a hacer tu vida? No puedo, lo sé, pero soy tu "niñita chiquitita". Soy yo, tu "pollo con pecas", ¿me ves? No creo ser invisible de un día para otro, porque no lo soy; porque sé que me extrañas, lo dices y lo siento; pero es tu escudo, tu maldito escudo. Dices que hay que distraerse para no echar de menos, ¿en qué mundo estás, mi amor? Mírame, mírame un vez y date cuenta de cómo estoy.

Es cierto que tengo un poco de culpa. Claro, me pasa por desorganizada, yo iba a verte hace dos semanas y no pude, ¿por qué? ¡sabemos por qué! El sucio dinero lo controla todo y yo no puedo viajar, ni tú, que tienes cosas que hacer y yo lo entiendo. Siempre entiendo todo, soy tan comprensiva, es mi mayor virtud y mi peor defecto. Me juega en contra la mayoría de las veces, pero ¿a alguien le importa lo que me juega en contra? No, a nadie. Sigamos.

Te amo, lo sabes. Me amas, lo sé, lo tengo claro, como tengo claro que no me lo dices con frecuencia porque sufres y te sientes mal. Yo entiendo, Diego, siempre entiendo. Puedo callar y evitarte una noche de insomnio, que prefiero tenerlas yo antes de saber que no estás bien, porque te amo desde que sé que mi corazón late, desde que sé para qué me sirve el útero...incluso te amo desde mucho antes de conocerte, porque te soñaba, ¿sabías eso?, ya era hora que te enteraras.

¿Qué es lo que no funciona? Dime, por favor. Quiero saber por qué me angustio, por qué a veces tomas todo de forma tan simple y yo me ahogo en un vaso de agua, ¿dónde quedó mi cable a tierra? ¡Mierda, lo perdí! ¿Dónde? No sé. Debe haber quedado en el 202 del edificio rosado, en Miguel Claro, cerquita de Bilbao, ¿te acuerdas? Yo estaba nerviosa, pero te tenía a ti abrazándome fuerte, y había viento, y yo con tu camisa morada, porque se me congelaron las pechugas desnudas y tú fumabas por la ventana. Yo te veía y no quería salir de ese momento nunca...Ahí perdí un poco la cabeza, no sé por qué, ni tú lo sabes.

Y me mirabas tanto a los ojos que me apretaba el estómago. Yo quería que te quedaras, y tú querías quedarte, pero no podías...Otra vez fui comprensiva; me dejaste tu camisa, y dormí con ella toda la noche, con tu olor pegado en toda mi piel, feliz, porque vendrías a buscarla mañana (que era miércoles) y veríamos "El perfume" abrazados en el sofá.

Yo siempre intento hacerte feliz, ¿sabes? Todo el tiempo pienso en qué te haría más feliz a ti, en qué sería lo mejor para los días que podemos vernos. Cine o playa, cena o vino blanco...y así, pensando, se me van minutos y horas en las que podría hacer cualquier cosa, pero te prefiero a ti, a ti, ¿lo entiendes?

Ahora estoy angustiada, voy a llorar, me duele la cabeza, tengo insomnio. Cuando logro dormir tengo pesadillas, estoy celosa, ¡celosa, yo! Eso era algo casi imposible, pero siento celos de ellos, de todos, de tus compañeros de banda, de tus amigos, de tus hermanas, de tu madre...siento celos de los que pueden verte un minuto todos los días, de los que pueden intercambiar momentos mientras yo estoy contando los días para verte. Es injusto, ¿no ves?, pero nadie dijo que la vida era justa, y acá estoy yo, con mis Kleenex y un cigarro.

Te echo de menos, te quiero acá, quiero que me digas que no soy lo último de tu vida. Quiero DEMOSTRACIONES, no quiero exigir, pero lo estoy haciendo, porque estoy sensible y en 4 días me va a llegar, ya sabes, la "odiosa", sí, ella. Necesito tu voz, necesito un beso de buenas noches, unos mimos y tus dientes en mi nariz. Me siento mal porque te necesito, me siento mal porque no me has llamado, porque estás ocupado y lo sé, ¡yo siempre entiendo!

Tengo náuseas, tengo lágrimas...Te extraño.

dissabte, 17 de febrer del 2007

La ventana


Esta es la vista que hay desde el balcón de mi casa en Reñaca, ¿es bonito, no? A mi me gusta, porque es todo tan tranquilo, porque nunca hay más ruido que el del viento y de las hojas, de los niños de la casa de junto que juegan con una pelota los días sábado y yo les dejo el portón sin candado por si cae su pelota en mi jardín, para que entren y la busquen con total tranquilidad, que a mi nunca me han molestado los niños.

Hace unas semanas, cuando estuve allá por el fin de semana, estaba asombrada de que mi jardín no hubiese muerto después de dejarlo tanto tiempo sin echar una gota de agua ¡y en verano!, pudo haber sido casi fatal para todas mis flores y mi césped. Pero creo que tuve mucha suerte de que el jardín, en lugar de estar muerto, sólo esté "semi maltrecho", y sospecho que los niños de la casa de al lado estuvieron ahí, porque encontré una bolsa con papeles de dulce metidas en mi basurero.

Quizás vieron la casa sola y quisieron ir a jugar, de paso me cuidaron las plantas, así que como regrese voy a llevarles algo en agradecimiento, porque cuando estuve allá, o no estaban, o estaban aprovechando la playa, que está tan cerca que no ir sería considerado casi un crimen veraniego.

Recuerdo que cuando estuve allá, el clima estaba tal y como en la foto. Creo que ese domingo en la tarde pude congelarme, pero no fue tanto tampoco. Estaba mi papá de visita por estas tierras y quería ir a comer "un pescado como lo hacen en los puertos", así que toma el auto, cinturón, Simply Red y un cigarro. Partimos, con frío y todo, hasta Valparaíso, porque mi papá quería pescado. A fin de cuentas resultó ser buena opción para todos, excepto mi hermano, que no quiso ir, "que prefiero mi casa y mi clima" y muchos bla, bla, bla.

Pastel de jaiba, pescado con champiñones y hierbas; entre otros platos que pedimos ese día. El vino estaba increíble, digno de haberlo escogido mi padre, y mi mamá se hizo de un sour tamaño "mini", porque "no me gusta mucho, pero acompaña la comida", así dice ella y yo me reí, porque mi hermana menor, tan compuesta y todo como es ella, se largaba a reír diciendo que mi mamá estaba loca, que siempre le llevaba la contra al mundo, y creo que así es, siempre lo ha sido y no hay de qué extrañarse.


De vuelta yo venía con un frío que ni te imaginas, que el viento corría y los turistas a los que tanto detesto estaban todos del mismo color naranja, con el pelo hecho un hilar casi imposible de desenredar. Así estaban todos, era el "look turista quinta región 2007", y a mi me hacía reír, porque si lo pienso bien, mis padres eran turistas en su propia tierra, pero es que no lo visitaban de un tiempo ya. El que vivan en otro lugar del mapa no los hace extranjeros ni mucho menos, que la tierra, y la playa, le daba la bienvenida a quien llegara; que acá se recibe bien al forastero, dice la canción. Y es cierto, Rebe y Fran pueden dar completa fe de ello, que si no me creen, pues pregúntenles y tendrán una respuesta favorable.


Me fui a la playa un rato, la arena de frente al Telepizza, donde me fui una vez con mi compi, Melissa, que ayer estuvo de cumpleaños. Prendí un cigarro y la gente ya empezaba a hacer el desfile por la avenida; yo me quedé sentada y mi papá tenía cara de no querer irse, porque le gusta el verano con playa y tenía que regresar a lo de siempre, a morir de frío en febrero, porque allá donde vive sí correspondía tener frío, pero no donde estábamos. Recuerdo haberlos visto tan felices, que me daba pena no tenerlos allí todo el año, ni a ellos, ni a mis hermanos, sobretodo a mi hermana, que era la que más insistía en quedarse.

Volvimos a mi casa, "mi casa", la que yo armé con mi propio orden, la que yo pinto, decoro y limpio; mi casa, en donde todo hace ver que yo vivo ahí, donde están mis fotos, mis libros, mi cama de la colcha blanca, mi play station que ya no sirve para nada...ahí quedó toda mi vida, porque desde hace un tiempo emprendí vuelo, y me costó un poco, pero logré tener esos exquisitos instantes de soledad en mi lugar propio...y me hizo feliz haber estado allí con mi familia, que conocieran un poco qué era de mi en estos años viviendo sola, que vieran que puedo con todo, que hicieron buen trabajo y que acá estoy, bien y contenta.

[...]Me preguntaba papá por ti, y yo evadía y evadía; me preguntaba cosas, me decía que te tenía buen rollo, que te iba a invitar a pescar o no sé...a ver el fútbol. Decía que quería pasar tiempo conmigo, con nosotros; pensaba, seguramente, que ya me había hecho mayor y que cualquier día le venía con algo que lo infartara, pero ¡viejo! Hola, acá desde el planeta Tierra, tengo veintinadas recién, no vengas con cosas, no me jodas, no me preguntes tonterías. "Y si me preocupo de ti, ¿son tonterías?", no lo eran, de eso estamos seguros.

No volvió a preguntar, aunque de vez en cuando me dice que quiere enseñarte a hacer un adereso de ajo para la carne, porque sabe que te gusta; no sé por qué, pero te los ganaste y no hiciste nada. Eres un sol, lo sé y ellos lo saben, y mamá te quiere, y yo te amo, ¿cuándo vuelves? Te estoy esperando, te tengo un regalo, son varios, los he ido juntando y, bueno, no sé, regresa, que quiero abrazarte.

divendres, 16 de febrer del 2007

Lluvia de verano

Desde anoche que acá llueve, y es genial porque no hace ese calor que dices que te vuelve loco algunas veces; ese calor idiota que te hace dolor la cabeza y que te pone de mal humor. Hoy no, hoy es diferente y es genial.

Sería lo máximo que estuvieras acá y vieras todas esas gotitas caer por la ventana. Hace frío, ¿sabes? Creo que hay unos 10ºC [y una sensación térmica de menos], pero está todo bonito; incluso tengo un antojo, de esos antojos de los que siempre te ríes. Hoy quiero comer lentejas, con butifarra negra y tomate con orégano, es rico, ¿no te parece? A ver y después lo acompañábamos del vino ése carísimo que mi papá me regaló a pito de nada, pero que me hace agua la boca de descorcharlo.

De pronto se despeja el cielo y cae un rayo de sol. Sería bonito que lo vieras, porque afuera hay olor a tierra mojada, a árboles con fruta y flor aún, como cuando es medio otoño y medio verano aún; así mismo, ya sabes bien, en Santiago huele igual algunas veces. Es como si de pronto algo me quiere decir que tendré un buen invierno en casa, y si es así voy a darle ofrendas a la tierra plantando flores para la primavera, en agradecimiento, tú me entiendes, ¿no?

Siempre me recuerdas que es mi forma de sentir las cosas simples lo que te enamora más de mi. Debe ser así; debe ser que escribo mientras espero que la lluvia no cese, porque el cielo está tan azul y tan rojo que estaba anoche, que hubieras flipado de sólo mirar. Y en la piscina había un reflejo medio rosado, era muy lindo, ya lo verás cuando vengas, otro verano, o en invierno, no sé...cuando quieras venir, o cuando yo te obligue y te traiga de los pelos, viendo tu carita de pánico escénico frente a mi hermano. Sé que le temes, pero ya hace muchos años que sabes cómo es...

Esta lluvia está maravillosa, ¡Dios mío, gracias! Esque no te imaginas, no puedes ni siquiera armar la escena en tu mente, porque esto es tan especial, que cuando tengas una lluvia así frente a tu nariz, recordarás que escribí esto vestida con el chandal negro que me regaló mi mamá en navidad, y con un short cortito, porque es verano y por más que haga frío hay que respetar la ropa [risas]. Llevo unos calcetines de esos que seguro no te gustan "porque tienen mucho color", pero de todos modos sé que estarías feliz de estar acá y ver esto que yo veo, sentir estos olores, y disfrutar segundo a segundo cada color.

Ahora tengo un disco de Simply Red, y sé que no te gusta, pero luego me hago de uno mejor, que ya he ido aprendiendo de tus lecciones de "Cómo escuchar música decente". Cuando aprendo algo nuevo y lo notas me siento tan feliz, es como que siempre aprendo cosas nuevas contigo, aunque no sé si has aprendido algo positivo de mi, porque cuando te digo que eres un perdido [y sí lo eres, no me lo niegues], me respondes algo como: "antes de concoerte yo no era así"...¡Desvergonzado! Te conozco desde crío, no me vengas con esas, que sé muy bien que lo haces por matarme de risa, pero no es justo...Eres un perdido y punto [y yo aprendí eso de ti, jajajaja].

[Regreso más tarde, que mi hermano quiere el pc]

dimecres, 14 de febrer del 2007

Nuestra Historia

A ver cómo empiezo todo esto...

Un día te conocí y no sé cómo, pero supe que estaría el resto de mi vida atada a ti. Era algo entre idiota y muy loco, pero no podía evitarlo. Eras mi amor de quinceañera, que apenas había dado su primer beso durante un juego de niños, y que le tenía un cierto rechazo a todo lo que se acercara a una relación amorosa.

Pero apareciste tú, Diego, y todo lo que tenía tan bien estructurado desde mi feminista y cerrado punto de vista se me fue a la puta mierda. Si hiciste algo o no, eso sólo Dios lo sabe, pero mi vida nunca volvió a ser la misma; esos ojos verdes tan brillantes de tus dieciocho años me tenían atrapada y yo no podía escapar de ti.

Un fuego volcánico incontrolable se adueñó de mi útero, de mis huesos, de mis labios y no podía controlarlo. Intenté mantenerme compuesta el mayor tiempo posible y de eso tienes completa conciencia; yo siempre fui una persona de pensar mil veces antes de hacer algo, pero ese día te besé entre la mirada de una pareja lesbiana que estaba frente a nosotros, en el mismo parque, escondiendo su amor entre los árboles del Forestal...Y nosotros, de frente a ellas, sin nada que perder, encerrados en ese beso que yo te dí no sé de dónde.

Fui la peor de las atrevidas, lo sé. Apenas nos conocíamos y yo ya había probado de tu boca un sabor que nunca iba a olvidar ¿Cómo iba yo a coserme los labios si te tenía ahí? Hubiera sido el peor de mis pecados el no haberte dicho que me tenías en un ensueño. Te lo dije, me miraste y tomaste tu bicicleta roja, aún la recuerdo; me diste una mano y me dijiste con los ojos rojos: "Tengo que irme".

Sentí por un momento que te escapabas de mi, que no querías volver a verme y que yo había arruinado esa tarde de viernes veintitrés con el beso idiota que se escapó. Te pedí diez minutos y me diste cinco, mientras revisabas en tu bolso si llevabas todos tus discos y tu flauta estaba afinada. Tocabas mientras yo intentaba decirte que te quería y que por favor no te fueras.

Un beso en la frente y un "hasta pronto" fue lo último de ese día. Ya era pasado de la hora de tus clases de música y tenías que llegar en menos de media hora a Providencia, pero creo que en ese momento tampoco te importó. Lo sé, porque te conozco más que a mi misma, no querías dejarme, pero te fuiste, mientras yo me perdí entre el eco de los buses y el metro Baquedano lleno de santiaguinos furiosos intentando subir a los vagones en hora pico.

De ahí pasaron mil y una cosas. De mi amor nació el tuyo, o del tuyo el mío y así. Me enamoré y te enamoraste, pero la vida no era simple y nada ni nadie es perfecto. Los putos "pero" aparecían a la orden del día. Tú en tu primer año fuera del colegio y yo en primero de media; era todo una locura, el escapar los fines de semana para poder verte, porque yo no había nacido santiaguina y me lamentaba por ello mil veces entre los barrotes de la ventana en casa de mi papá.

Un día de tantos decidiste dejarme, así sin más explicaciones. Mi mundo entero se fue a la misma mierda y tenía muchas más cosas que enfrentar de allí en adelante.

Llegué a ser tan amiga de mi mamá, que le contaba todas y cada una de las veces que lloraba por ti; la llamaba todos los días por teléfono para que me contara cosas guay, pero al final todo lo que hacía era preguntarme por cómo estaba yo, si me acostumbraba a vivir sola con mi papá y si estaba más flaca que antes.

"Estoy más destruída que antes, mamá. Estoy hecha la misma bolsa de lágrimas que te dejó una vez."

Mi papá no sabía qué hacer conmigo, porque se sentía un mal padre, por no entender lo que yo sentía ni descifrarme los pensamientos. Y tú no estabas...

Sé que no sólo se te hizo difícil dejarme, sé, además, que nunca dejaste de pensar en mi. Sé que te perdiste entre sábanas ajenas y que tocaste a otras; sé que las besaste pensando en mi mil veces y sé que todos tus deseos estaban enfocados en mi cuerpo de niña y no en los de esas mujeres con curvas impresionantes. Tú preferías mil veces mi cadera no desarrollada y mis pecas; te gustaban más mis ojos cubiertos por unas gafas de pasta, que las miradas perfectas de las mujeres preciosas con las que dormías...

Y para mi era lo mismo. Nunca pude querer a otra persona, por más que lo intenté, siempre estabas ahí, era como si me persiguieras hasta en los sueños. Cada letra y cada palabra que escribí en esos cinco años eran para ti. Todo era para ti, mis dibujos, mis composiciones, mis cuentos, las letras, la poesía y las lágrimas.

Cada noche de fiesta vacía que me di con mis amigos, cada vodka que me tomaba al seco llorando en la casa de Samuel, cada porro que me tiré con la Valo...Cada noche que las sábanas me quemaban la piel porque no estabas, todo, todo era por ti. Y no me arrepiento de nada, lo juro.

Sé que cada día de esos cinco años sin tí me sirvió para crecer un poco, o para retroceder otro tanto necesario. Pero te doy las gracias infinitamente, mi amor, porque si no hubiéramos pasado ese largo tiempo separados, no valoraríamos cada minuto juntos como lo hacemos ahora, ni cada beso de esos pequeñitos que nos dimos en Santa Isabel el veinte de diciembre...

Toda esta historia nos ha servido de algo. Quizás no te lo he dicho aún, pero cada minuto que pasa y sé que estás del otro lado del teléfono escuchando mi voz o leyendo cada uno de los textos que te doy a diario, estoy más segura de que será contigo con quien haga el amor escuchando a Chopin, y sé que contigo despertaré todas las mañanas durante setenta y ocho veranos más.

Sé que dentro de algún tiempo tendremos que despertar a mitad de la noche y hacer el turno para la mamadera del mayor de nuestros hijos. Y sé que siempre tendremos un tema de qué hablar, un domingo para escapar solos o una cena de viernes con tres niños y un perro jugando en la sala, mientras me besas con sabor a un buen Sauvignon Blanc, ese que nos gusta tanto.

Gracias por todo, Diego.

dimarts, 13 de febrer del 2007

[XXVII - XXX]

"Me ignora", fue el primer pensamiento que se le vino a la mente luego de notar los bruscos cambios que estaba sufriendo su carácter, su trato con ella, las palabras, la ausencia de todo ápice de lo que, hasta hace muy poco, era su mayor felicidad.

Estaba ausente, ya no hablaba igual ni reía con las mismas cosas. Probablemente, ya no le entusiasmaba la idea de salir juntos, o puede ser, tal vez, que tenía algo guardado de lo que no quería hablar. Las razones sobraban, las conclusiones podían llegar a un sinfín de puntos distantes; el
problema era que a ella le afectaba mucho más de lo que podía imaginar, y de pronto se veía llorando en el escritorio, pensando en cómo preguntarle, en cómo hacerle ver que ya se había dado cuenta del cambio...y craneando en su mente mil y una formas de no resultar invasiva.

Y él no aparecía.

Ya eran casi cuatro días de angustia, del hilo delgado del que le pendía el corazón, de la piedra bloqueando la garganta y vías respiratorias. Cuatro días. Entretanto, él no hacía nada más que evadir, ignorar, hacerse de algunas excusas tan graciosas que ni un niño las hubiera creído. En parte,
ella pensó que él quería ser descubierto, quería que le preguntaran, quería lograr algo; quizás, desahogarse, escapar o algo similar.

De un mar de sonrisas su vida se hizo un océano lagrimal indescriptible. Su seguridad se fue al suelo y sus ilusiones se fueron guardando donde pudieran estar seguras de no hundirse entre tanta angustia.

Pasaba la hora, pasó el día y ella sentía que se le estaba viniendo el mundo abajo. Empezó a culparse, a pensar si había hecho algo mal, si había dicho algo que le molestara, si ya no era lo suficientemente bonita, si ya no era interesante o si, tal vez, él ya tuviera otra compañía. Este último
pensamiento era el menos probable, conociéndolo como lo conocía, pero el que más le aterraba.

Se estaba sientiendo estancada, inútil, insulza e intentaba pensar en otra cosa. Salía con una de las amigas a hacer compras innecesarias, para no pensar en ese asunto que la agobiaba; por otro lado, la amiga notaba la disconformidad y el desasosiego del que estaba siendo presa.

"Estás desfigurada como nunca" fue lo único que pudo decir antes que ella se fuera contra el respaldo del asiento del auto, echando lágrimas infinitas de tristeza. Incluso fue cobarde, porque no le dijo todo como había sido; pensaba que no debía prejuzgar sin haber hablado antes con él. Ella era
justa y él merecía el beneficio de la duda.

Más fueron las horas que se deshizo pensando en la situación, que las que había dormido en los últimos días. Tenía el cuerpo cortado en cuatro y los ojos tan rojos que parecían pimientos.

...En el fondo ella lo sabía todo y no quería abrir los ojos...

A veces la realidad suele presentarse en la forma que más hiere a las personas. Algunas logran asimilarlo y otras se escudan en su cobardía, en las excusas y en mentiras piadosas. Hay otras personas que vomitan su dolor y su alegría en pedazos de papel que luego tiran a la calle para que otro los encuentre y aprenda un poco de la experiencia ajena.

¿Hay alguien que quiera enseñarle a vivir?

Su castillo se va cayendo a pedazos, los cimientos ya no le dan más y el peso que carga en los hombros le ha ido destruyendo la columna de a poco. Su cervical se está deformando y la cruz que carga es cada vez más pesada. Siente que debe actuar, que debe hablar, que debe hacerle ver su apoyo y su amor. Pero nada de esto es posible si no hay dos partes que pongan los brazos para cargar con los pesos que la vida les pone por delante.

No hay conciencia capaz de soportar tanto, ni hay frases más tristes que las que puede escribir una persona que se lleva toda la pena a un baúl...y la esconde. Oculta sentimientos, verdades, mentiras, insultos, gritos, lágrimas y apologías...y lo hace por temor de verse vulnerable al resto; quizás a la
familia, a los amigos que nunca supieron de la existencia de quien estaba del otro lado y que le veían como alguien tan fuerte y autosuficiente, pero no era cierto, porque él no era más que una persona temerosa de lo que estaba viviendo, y ella, sólo un personaje más en esta historia de nunca acabar.

Era ella, la que debería obtener el título de mártir, pero no lo quería. Era ella...la que lloraba desconsolada en el hombro de la única persona que quiso escucharla; era ella, la que se iba envenenando la sangre con licor y liándose cigarrillos a mano cuando quisiera sonreír.

Lamentablemente, la única sonrisa de la noche se la dió el efecto de la hierba entrando desde el cerebro hasta el estómago, haciéndole trizas las entrañas y provocándole un dolor físico tan fuerte que no podía soportarlo.

Fue entonces cuando apagó la luz y alguien escribió esta historia de desenfrenado dolor e impaciencia. Y ya todo estaba hecho, no había remedio más que esperar, si es que él aparecía sonriente para decirle que todo estaba bien y que esto no fue más que un mal sueño.

[IN] Dependencia v/s Libertad

Uno no tiende a cuestionarse hasta que las cosas suceden y luego las piensa, desfragmente, analiza, comprime, desbloquea y vuelve a analizar. El cuestionarse es siempre positivo, desde mi punto de vista, o al menos creo que que puede traer algo más productivo que dejar las cosas volando y perdiéndose en el aire, porque entre el pensamiento y la química van desapareciendo y queda todo inconcluso.

Y nos cuestionamos. Cuestionamos las acciones, lo que fue y lo que; qué estuvo bien o qué estuvo mejor, incluso lo que estuvo mal, los excesos, los tiritones vocales y esas cosas que uno no piensa hasta un rato después, hasta el otro día, o quizás un mes después. Todo dependerá de la capacidad
de las personas.

Entonces pensamos y nos preguntamos, precisamente anoche, antes de decirnos adiós por algunos días...¿Será que me excedí yo en algo? ¿Se pasó del límite? Esas eran las preguntas más frecuentes sobre uno de esos días; días de aquéllos en que vi esa serie divertida que dan en la noche por última
vez. Eso es parte de mi sentimentalismo extremo, es mi culpa, porque me acostumbré a verla en el sofá con él, en Santiago, cuando me reía despacito por si se había dormido y me abrigaba con el brazo rodeándome el cuello y su mano en mi cara. Ahora no prendo la tele a la una, porque no está.

"Uno sólo llega hasta donde el otro permite"

Es como decir que la libertad de uno termina cuando comienza la del otro, pero en este caso es distinto. Nadie bloquea ni limita la libertad de nadie, sólo son acciones que pasan y que quedan. Es que hay cosas que no se controlan y por muy poco tiempo que haya entre una cosa y otra, sólo se
sucede lo que debe ser. Quizás uno piensa en qué va a pensar el otro, si le estaré coartando el espacio o algo como eso, y no.

Sé que controlo mis acciones hasta cierto punto, y sé también que no me dejo influenciar, es más, mayoritariamente por no dejarme influenciar me gano el mal rollo de los manipuladores, pero me importa tan poco que se corta el tema. El caso final es que debería saber desde ahora y para el resto del tiempo que yo soy la única dueña de mis acciones, de lo que YO quiero y de lo que no. Entonces, todo lo que pase, pasó o pasará será por plena desición mía, por lo que no hay un límite establecido entre lo que podemos decir y hacer tú o yo, ni ahora ni después.

Eres libre de llegar hasta donde quieras, porque está la completa autorización para que lo hagas, sin dejar en desnivel lo que quiera yo. En fin, el asunto es que puedes tener la conciencia tranquila, porque todo lo vivido contigo ha sido genial, y te amo.

Gracias

Me gusta contarle mis cosas, porque sé que me entiende y que le importa lo que pase conmigo. También me gusta escribir y saber que me lee, aunque a veces me sorprende saber que lo hace; me gusta saber que confía en mi y que sabe que puedo orientar algunas situaciones, como él puede orientar otras.

Siento que no tengo vergüenza de nada, que cada una de mis acciones fluyen por sí solas. De pronto creo que me dominan y que ni el mayor poder de razonamiento las pueden controlar. He hecho cosas que nunca antes hice, porque simplemente me dejé dominar por algo que llevo dentro y que no sé qué es, pero me hace sentir bien.

Cuando está cerca me siento más YO que nunca en mis viente años y meses sobre esta esfera. Soy todo lo que quiero ser, y no me molesta en lo absoluto; digo lo que quiero decir y lo demás es algo que va saliendo desde dentro; no sé, hoy le pregunté si no me creía loca después de leer una de
esas conversaciones que tengo conmigo misma y que le pasé para que viera. Creo que hasta le hizo gracia, y estoy segura de que esbozó la sonrisita ésa que le conozco tan bien, mientras leía el turro de chorradas que puedo escribir en una madrugada.

Y a mi me da igual, porque sé que no le molesta; porque cree que no estoy loca y que, al contrario, soy más cuerda que nadie, aunque eso es algo que yo aún me cuestiono. Quizás yo no sea cuerda y el loco sea él que me cree chorrada tras chorrada. Y me vuelvo temible si quiero escribir sobre terro y
bla bla. Pero no viene al caso.

Ahora sé que no le importa que hable de sus pecas con mi otro yo en un arranque de "necesito hablarme a mi misma". Sé que le hizo más gracia mi comentario de hoy cuando le confesé que una vez creí haber hecho algo malo, y no era así. Dice que hay cosas que se ven desde el razonamiento lógico, a las que ambos le intentamos buscar la explicación. Y de la lógica dentro de lo que parece ilógico...

"Eso es amor", dice mi abuelo León. Últimamente me ha dado por escribirle sobre mis acertijos mentales y los que tengo cuando estoy con "él", entonces al leer mis correos, mi abuelo toma el teléfono y me dice: "es amor", antes de colgar y luego negarse a responderme las llamadas. Es un viejo zorro, como diría mi papá. Y es cierto, es que sabe más que muchos.

Y será amor, será que me siento cómoda; será que siento que he estado toda la vida con él al lado, aunque sepamos por "lógica" que no ha sido así, pero es que yo siento que el hecho de saberse uno al otro provoca esas reacciones que tengo yo. Dios o quien sea, lo sabe, yo no me domino, porque me manda el corazón y no soy dueña de algunas acciones locas mías, que hasta a él le extrañan tanto como a mi, ayer me lo dijo y asentí.

Alguna vez pensé haber hecho algo malo y no fue así. "Es raro, pero es bueno", voy a grabarme la frase clave que mencionó en la tarde, porque tiene razón. Yo debería pensar menos y actuar más, que al caso sé que le encanta.

¿Y si hago algo mal? ¡Qué importa!
No me interesa, porque cuando me dijo que quería un beso y yo también lo estaba pidiendo a gritos desde dentro, sentí y descubrí que nos une algo mucho más fuerte de lo que alcanza a captar la "mente" humana, o bien, el corazón. Hay una fuerza que une y crea lazos que pueden ser indestructibles, que alimentan situaciones y hacen de un día normal algo genial, estando lejos o estando cerca, entregando todo sin pedir mucho a cambio. Quizás se desnivele, o quizás no. Eso es un detalle.

Já, y cuando me preguntó si le temía...Eso sí fue algo acertado, pero: "No tengo miedo de nada", y a eso agréguenle un par de melodías para que suene a canción de tono burlesco. Yo a él lo quiero, lo amo y lo amaré por setenta y ocho eneros más, comiendo gomitas y helado en el sofá; viendo películas en las que más de la mitad me las trago a lágrimas, mirándonos la cara con ojos pequeñitos y pecas, muchas pecas; y en setenta y ocho eneros más, quizás con unos lentes aumentados, volveré a leer esto y él estará oyendo con los labios pintados de risa, o con el beso que me pidió en la tarde, con sabor a helado de frambuesa y tinte de piel dulce.

Me gusta que exista, que me haga escribir, que me lea, que me dé música, que me hable de cine; que le guste Poe y King, que quiera ir a la playa conmigo en febrero, que le encante el ajo tanto como a mi y que no le importe que yo coma todo el día, porque gorda o delgada me seguirá queriendo, como yo lo quiero a él, aunque su "exitosa carrera deportiva se viera afectada por el esguince de tobillo" [risas en ironic mode on]. Y me gusta que odie la música que escucho, porque sé que lo hace reír que ame a Oasis, si para su gusto son unos ·$&%$&·$& y que me gusten las voces de mujeres inglesas que cantan, porque dice que soy tan ronca que tengo voz de niño...y sí, tengo voz de niño, hablo estupideces en gran parte del día porque se me va la olla, y me escribo cartas a mi misma cuando me siento sola (y soy patéticaaaaa!), pero soy feliz...

Soy feliz, y es su culpa.

D.

Lo reconocí después de mucho tiempo, y era el mismo. No había cambios extremos, ni crudos, ni bruscos; conservaba la escencia tal cual la había dejado muchos eneros atrás.

Enero, tal como este mes en curso. Un enero que descubrí algo especial en esos ojos que tardé en volver a ver de frente, y que aún me intimidan y me clavan un hielo en el estómago...Fue en enero, cuando supe que sólo una cosa segura tenía en esta vida, y era la quemadura profunda que me dejó en los labios, que no salió nunca de ellos, hasta otro enero, de años después. Un enero de día veintitrés a las once con veintiocho y junto a un árbol cercano al metro.

Dios mío, que yo me acuerde de tanta cosa es para volverse loca. Pero era enero, y éramos nosotros...iguales y distintos, como ayer y como ahora. Como hace tantos años y hace seis días...

Y sí, lo reconocí, con los mismos ojos y los mismos labios; con las mismas manos y el perfume, el cabello, la sonrisa, el sabor dulce, el impregnarse de algo que ni yo sé qué es. Quizás él lo sepa, puede que se lo pregunte
luego, talvez...si no me tirita la boca al preguntarle qué es lo que piensa cuando me clava la mirada como queriendo gritar y no dice nada.

Hace días lo sorprendí mirándome la nariz, la boca, la frente y los ojos.
Sobretodo los ojos.

Yo, como soy de las que se corta, pregunté, quizás inoportunamente si pasaba algo que me miraba así. Me respondió algo tan simple como: "te estoy mirando", y me sentí una imbécil de la peor categoría. Pregunté una tontería que tenía una respuesta tan obvia y simple como esa. Y reí, le bajé los ojos e intenté hacer el loco.

Quizás no lo entiende, pero me intimida. Sé que me quiere decir algo y no lo dice; me desespera y me provoca ternura. Será que somos lo mismo y por eso actuamos igual, y es probable que un día ejerza presión sobre él hasta que acabe por decirme una tontería...y bien merecida la tendría, me pasa por preguntar cuando no debo, debería aprender un poco...

De una cosa estoy segura y es de que no ha cambiado, de que es todo lo que yo sabía que era. Que lo único que se ha modificado ha sido en pro de algo mejor; de que desde este enero y los próximos eneros de aquí a no-sé-cuándo serán los mejores para nosotros y que cuando me cuelgo de sus hombros es porque estoy feliz y quiero que lo sepa.

Sigo reconociendo cosas, y sé que reconoce algo en mi. Descubre, conoce, observa. Usa todos sus sentidos para reafirmar lo que cree y lo que siente, como hago yo a cada minuto, con una canción, con la voz, con un gesto, con un abrazo...

De pronto se queda conmigo, viene a casa, mira la tele conmigo, duerme junto a mi; a pesar de no estar acá, lo siento cerca, porque tengo todo fielmente grabado y almacenado como si fuera la información más importante y verdadera que haya recopilado jamás. Quizás porque es lo único que quiero conservar intacto, porque es mi amor, porque es la pieza que faltaba en el puzzle...la última cara de esa figura hexagonal que estaba incompleta.

Y ahora está acá, conmigo. Siento su presencia tan real y cercana como la pantalla que tengo frente a los ojos.

Recuerdo y añoranza

"..Estaba echando de menos al que la hacía sonreír. Miraba cada diez minutos la caja donde le había guardado un par de discos, un turrón de chocolate, una fotografía y unas casrtas que ella había escrito, pero que no pensaba entregarle nunca. Lo esperaba todos los días a la misma hora, y el tiempo se le iba entre los dedos y la risa que le provocaban ese par de horas con las que se conformaba a diario.

Ella no exigía nada más que amor y un poco de tiempo. Y él le daba lo que estaba a su alcance, ni más, ni menos; ella quería un poco más de tiempo y un poco menos de distancia. Quería tener la paciencia para soportar los días alejados y seguir conformándose con la comunicación que mantenían cuando no estaban juntos.

Pero a veces tendía a sufrir en silencio y desesperarse. Nunca se lo decía a él, porque habían prometido no entristecer por esa causa, pero ella era tozuda y terca, e intentaba entender, pero la superaban sus pensamientos y ya no soportaba estar lejos. Le escribía todos los días y guardaba los archivos en su máquina; lo más probable era que él nunca los leyera, porque ella seguramente se hubiera negado a mostrar las copias de todo lo que a él le dedicaba.

Y nadie imaginaba cómo lloraba ella silencio todas las noches, sobretodo cuando en su almohada podía sentir el mismo olor que sentía cuando lo abrazaba. La estaba gobiando, la perseguía y la entristecía demasiado. Pero la verdad era que él siempre tuvo razón, este era el tiempo de ser absolutamente FELICES, porque se tenían el uno al otro, aunque fuera a algunos kilómetors (que tampoco eran tantos), y ya habían estado así de distanciados por años; no sería este el momento de ponerse melancólicos, tenían que sonreír y dar gracias al destino, a la vida o a lo que pensaran que les daba la oportunidad de estar uno con el otro y pensar que la vida estaba hecha justamente para que ellos estuvieran juntos.

Ahora se venía por delante lo mejor. Tenían que disfrutar cada minuto cerca, y cuando estuvieran lejos, ir tachando días del calendario para volver a verse y estar contentos porque cada día sería maravilloso, juntos o separados. No estaban solos, se tenían el uno al otro y eso bastaba.

Ella entendió que no debía llorar más y él podía seguir pensando que ella no iba a llorar, porque ahora no le volvería a esconder sus ataques de tristeza y de añoranza. Nunca más..."