
Plorar no val la pena...
Debería esperar tranquila que llegue el tres de julio. Debería, pero no. No he podido dejar de pensar en eso una y otra vez; estoy ansiosa, nerviosa, triste y feliz a la vez...Me he sentido más insegura que nunca en la vida y he llegado a creer que lo mejor sería ocupar el tiempo en otra cosa, pero ¿en qué? Casi toda mi vida se va con una chaqueta azul y un maleta verde, imponente. Santiago, Madrid, Barcelona. Destino final que quisiera detener y no puedo.
Soy egoísta, soy muy egoísta y no tengo reparo en decirlo. He llegado a pensar que no lo merezco, o que él no merece mi actitud, por eso he callado y he llorado en silencio. No quiero que se vaya, no quiero contar sesenta y un días desde el tres de julio en adelante...pero ya no puedo impedirlo. Pasaje en mano, con fecha y hora, las 9,45 a.m. y yo en ese minuto estaré en la fría cama viñamarina, durmiendo sola, porque NI DE BROMA iré a despedirlo al aeropuerto. No es lo mío, no voy a llorar nunca delante de él, lo prometí, no a él, sino a mi misma.
Debería pensar que es SU OPORTUNIDAD, que es lo que él quiere hacer de su vida y que yo, como compañera de vida, debería alegrarme, porque será felicidad mutua a futuro, ¿Y qué mierda me importa si yo lo quiero conmigo?
No pretendo hacerlo quedar en Santiago un minuto más. Si tiene que partir, que lo haga, que yo confío en él y sé que volverá el mismo que se va el puto tres de julio. Sé que es el mismo Diego que yo amo y el mismo que me ama con esa intensidad de la última noche de cama compartida.
Me importa su felicidad y es por eso mismo que me guardaré las ganas de tomar ese billete y meterlo en la trituradora de papeles que tengo en el clóset. Quisiera decirle que estoy contenta y que espero ese perfume que me prometió en mi cumpleaños, pero estoy triste, más triste que nunca...
Hoy es tres de junio y la cuenta regresiva comienza... Vamos en el día 30, mañana ya serán 29 y horas.
Y, ¿saben una cosa? Llorar no vale la pena, porque regresará. Es mi único consuelo.
Soy egoísta, soy muy egoísta y no tengo reparo en decirlo. He llegado a pensar que no lo merezco, o que él no merece mi actitud, por eso he callado y he llorado en silencio. No quiero que se vaya, no quiero contar sesenta y un días desde el tres de julio en adelante...pero ya no puedo impedirlo. Pasaje en mano, con fecha y hora, las 9,45 a.m. y yo en ese minuto estaré en la fría cama viñamarina, durmiendo sola, porque NI DE BROMA iré a despedirlo al aeropuerto. No es lo mío, no voy a llorar nunca delante de él, lo prometí, no a él, sino a mi misma.
Debería pensar que es SU OPORTUNIDAD, que es lo que él quiere hacer de su vida y que yo, como compañera de vida, debería alegrarme, porque será felicidad mutua a futuro, ¿Y qué mierda me importa si yo lo quiero conmigo?
No pretendo hacerlo quedar en Santiago un minuto más. Si tiene que partir, que lo haga, que yo confío en él y sé que volverá el mismo que se va el puto tres de julio. Sé que es el mismo Diego que yo amo y el mismo que me ama con esa intensidad de la última noche de cama compartida.
Me importa su felicidad y es por eso mismo que me guardaré las ganas de tomar ese billete y meterlo en la trituradora de papeles que tengo en el clóset. Quisiera decirle que estoy contenta y que espero ese perfume que me prometió en mi cumpleaños, pero estoy triste, más triste que nunca...
Hoy es tres de junio y la cuenta regresiva comienza... Vamos en el día 30, mañana ya serán 29 y horas.
Y, ¿saben una cosa? Llorar no vale la pena, porque regresará. Es mi único consuelo.
1 comentari:
nenaaaaaaaaaaaaaaa
Publica un comentari a l'entrada