diumenge, 3 de juny del 2007

Plorar no val la pena...


Plorar no val la pena...

Debería esperar tranquila que llegue el tres de julio. Debería, pero no. No he podido dejar de pensar en eso una y otra vez; estoy ansiosa, nerviosa, triste y feliz a la vez...Me he sentido más insegura que nunca en la vida y he llegado a creer que lo mejor sería ocupar el tiempo en otra cosa, pero ¿en qué? Casi toda mi vida se va con una chaqueta azul y un maleta verde, imponente. Santiago, Madrid, Barcelona. Destino final que quisiera detener y no puedo.

Soy egoísta, soy muy egoísta y no tengo reparo en decirlo. He llegado a pensar que no lo merezco, o que él no merece mi actitud, por eso he callado y he llorado en silencio. No quiero que se vaya, no quiero contar sesenta y un días desde el tres de julio en adelante...pero ya no puedo impedirlo. Pasaje en mano, con fecha y hora, las 9,45 a.m. y yo en ese minuto estaré en la fría cama viñamarina, durmiendo sola, porque NI DE BROMA iré a despedirlo al aeropuerto. No es lo mío, no voy a llorar nunca delante de él, lo prometí, no a él, sino a mi misma.

Debería pensar que es SU OPORTUNIDAD, que es lo que él quiere hacer de su vida y que yo, como compañera de vida, debería alegrarme, porque será felicidad mutua a futuro, ¿Y qué mierda me importa si yo lo quiero conmigo?

No pretendo hacerlo quedar en Santiago un minuto más. Si tiene que partir, que lo haga, que yo confío en él y sé que volverá el mismo que se va el puto tres de julio. Sé que es el mismo Diego que yo amo y el mismo que me ama con esa intensidad de la última noche de cama compartida.

Me importa su felicidad y es por eso mismo que me guardaré las ganas de tomar ese billete y meterlo en la trituradora de papeles que tengo en el clóset. Quisiera decirle que estoy contenta y que espero ese perfume que me prometió en mi cumpleaños, pero estoy triste, más triste que nunca...


Hoy es tres de junio y la cuenta regresiva comienza... Vamos en el día 30, mañana ya serán 29 y horas.

Y, ¿saben una cosa? Llorar no vale la pena, porque regresará. Es mi único consuelo.